Si la vida es mala,
disfraza tu suerte, busca sonrisas en aquellos que te merecen. Ríete del ayer
pero no lo castigues, dale la mano al futuro que viene cargado de nuevos
amaneceres. Llena el vaso del tiempo con tardes en el parque, cervezas con
amigos, locuras a veces y otras sensateces, con momentos esporádicos que tu
memoria congela e ideas espontáneas que sin pretenderlo son las mejores.
Abrazos a los que te quieren y te quieros a los que ya lo saben. Besos de
caramelo, valor para amar, playas de mil colores y esa risa que no puedes
parar. Un golpe de estado a la tristeza en todas las naciones, que un nuevo rey
las corone: ese que sólo te deja llorar con una sonrisa y prohíbe el dolor de
corazones.
Así que no cuentes las
horas, no esperes, porque cada minuto se agota y cada posibilidad se ahoga en
las dudas que te detienen. Ofrécete algo digno de recordar, persigue tus sueños
como si el camino no tuviera piedras y jamás te canses de andar. Construye a
cada segundo la nostalgia que mañana te ha de envolver, porque es esa añoranza
la prueba más obvia de tu felicidad. Y nunca olvides que si hoy coges de la
mano al futuro, en el futuro alguien te cogerá de la mano para recordar juntos,
para volver a pasear, para volver a reír, abrazar otra vez y, sobre todo, para
decirte te quiero una vez más.

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