Anoche estuve escribiendo sobre ti, sobre el chico de mirada clara que me hacía un hueco en su espalda para dormir mientras dibujaba en la mía corazones con el pulgar. El chico que me absorbía la sonrisa y me desconectaba del mundo a medio palmo de su boca cuando nos tumbábamos para contener la vida mientras la vida pasaba sin llamar. Hablaba del tiempo, que cesaba su lucha si me empezabas a besar y se sentaba a esperar que nos deshiciéramos para rehacernos juntos, que nos comiéramos enteritos, sin pensar en el mañana, sin pensar en las razones, abrazándonos las ganas como si fuera lo único palpable en este mundo. Hablaba de tus manos, que se desvestían de locura para vestirme de ternura y tejer en el cielo la luz del día antes de que fuéramos capaces de comprender. Hablaba de cada mancha de tu piel, la escala cromática de tu tez descrita en versos. Tu voz disuelta en armónicos, desde la frecuencia fundamental que era tu risa hasta los tonos suaves que le recitabas a mi oído. Hablaba de tus palabras, hablaba de tus gestos. De nuestras palabras, de nuestros gestos, que te guardaste en la maleta cuando se te escapó el adiós. Que a mí se me extraviaron entre mil lunas llorándote, intentando tejer el ayer de nuevo sobre mi colcha, para tenerte de vuelta, para no desperdiciar un segundo y amarte sin dudas, sin compromisos, sin te quieros que mata la vergüenza.
Anoche estuve escribiendo sobre ti, sobre el chico que pasa sin mirarme, a dos metros de mi rabia, a dos metros de mis dudas, de mis compromisos, del te quiero que mató la vergüenza. Y en esta situación extraña, en la que tú y yo nos volvemos desconocidos, busco el hilo que conecta con el entonces, con la vida pasada, y no hay relación entre los recuerdos y lo que hoy nos hemos convertido. Que me quemaba tu piel y ahora me quema tu ignorancia, que necesitaba tenerte dentro de mí y hoy nos huimos, nos queremos tener lejos, como si cada intento de recuperarnos hubiera hundido más los momentos. Ya no queda nada de nosotros, ya sé me han olvidado los sabores, el olor de tu cuello. Tal vez volvamos a encontrarnos o tal vez residamos por siempre en el olvido, hasta que no quede más del ayer, hasta que de verdad sea como si nunca nos hubiéramos conocido. Y ya no escribiré sobre ti, ya no viviré en ti, ya no serás el chico.


