1. Olvida todos los planes de construir una máquina del tiempo. El arrepentimiento debería ser ilegal. No existen los errores, sólo las moralejas.
2. Ama, ama, ama. A tu familia, a tus amigos, a tus perros, a la panadera que te saluda todos los días, al viejo que se sienta siempre en el mismo banco, al vecino que se queja de la música, al profesor que logra captar tu atención. Ama todo cuanto te rodea. Cualquier pequeño gesto es susceptible de ser echado de menos.
3. No te creas el mito de que siempre hay que perdonar. Si es por orgullo, hazlo. Si es por dignidad, quiérete un poco, joder. Tatúate la lección y olvida el golpe. Los años te darán años para olvidar.
4. Sufre, sufre mucho. Para estar vivo hay que sufrir. Para disfrutar de la luz, hay que conocer la oscuridad. Llora, patalea, quéjate. Fracasa de vez en cuando, no todo puede ser bonito. Del dolor se aprende, las heridas cicatrizando son el mejor profesor que tenemos.
5. Ama, ama, ama más. Folla, grita, araña. No te reprimas. Ama con el corazón o ama con las ansias, pero ama. Tributa la vida. Los placeres naturales siempre son los mejores.
6. No sigas ningún esquema impuesto por la televisión. No cuentes calorías. Come chocolate. Fúmatelo también. No tienes que estudiar si no quieres una oficina, no tienes que ser rico si te cagas en lo material. Permite que tu corazón grite más que la moda.
7. Nunca dejes un te quiero para luego.
8. Que tus sonrisas no sean gratuitas. Busca razones para hacerlo de verdad y, cuando las tengas, haz que el puto mundo se concentre en tus labios.
9. Sigue amando. Decide bien a quién quieres involucrar en tu vida y firma un contrato sin letra pequeña, absolutamente incondicional. No te olvides de estar ahí, no te olvides de demostrar. Al fin y al cabo, tu felicidad reside en la de esas personas.
10. Y olvida ya esa puta máquina del tiempo. Es lo más importante, la clave. Siempre hemos oído hablar de trenes: de los que se pierden, los que no pasan dos veces, los que nos subimos, los que dejamos marchar. Joder, no hay estaciones, no hay bancos para sentarnos a esperar cómo pasa la vida. Si te equivocas, no mires atrás. Viajamos en un solo tren que cogemos en el momento de ser concebidos y que no para en ningún momento mientras vivimos. Esa es la única oportunidad que existe, ¡la de la vida!

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