domingo, 4 de diciembre de 2011

Introspección

Todavía me meto en la cama junto al cúmulo de pensamientos absolutamente innecesarios e inútiles que tienen como único objetivo recrearme en mi dolor. Maldito condicional de estructura imposible, maldito pasado irreal. Se me empieza a olvidar como se vive para delante.

Introspección en el alma debería ser la solución. Con entenderme, más que suficiente. Saber por qué estoy así, por qué me martirizo. Yo soy fuerte ¿no? No dependo de las personas, dependo de mí misma. El entorno me afecta cuánto quiera que me afecte, me vinculo a las personas cuánto quiera vincularme. Los sucesos, suceden. Aunque a veces cueste asumirlo, no siempre hay una razón, un fin positivo. La mala suerte no es un medio. Es desdicha, son consecuencias que no tienen por qué ir a parar a buen puerto. Por eso es mala. Buscarle la razón secreta, interpretarla como una fase estratégica de un plan superior, no es más que un síntoma de debilidad. Sí, los sucesos suceden como les da la gana, pero yo también los asumo como me da la gana y si los problemas se me quedan grandes, me crezco un poquito y a ver quién puede más.


martes, 1 de noviembre de 2011

Mi monstruo.

Yo conozco a un monstruo de mirada transparente y corazón de arena. Es un monstruo temido más que fantasmas, brujas y vampiros. Destruye todo a su paso, dejando a sus espaldas un campo gris sembrado de recuerdos. Algunos lo ven hermoso, otros sueñan con detenerlo; también hay quien quiere vencerle. Mi monstruo nos marchita, nos obliga a mirarle a los ojos aún cuando no queremos verlo. Nunca espera y es totalmente imparcial. Los niños no le temen, a veces ni siquiera saben que existe: piensan que son los padres. Pero, cuando lo descubren, todos quieren conocerle. El miedo a él nace con los años, pero en vez de mirar en el armario antes de irnos a dormir, lo buscamos en el espejo. Mi monstruo construye la vida a la vez que la destruye. Aunque le temas, si escuchas sus latidos, tu corazón se acompasa y te permites recordar. Yo conozco a un monstruo que se llama tiempo y, a veces, te hace temblar.

viernes, 14 de octubre de 2011

El cielo tembló en tu mirada.

El cielo tembló en tu mirada. Los labios temblaron. Las manos también. Mi alma temblaba, temblaban los pies. Tembló la vida. Todo se tambaleó. Que fuerza tiene una palabra, cuan fuerte es si viene de tu voz. Se desvistieron mis ojos de angustia contenida, se murió mi gozo y se suicidó la sonrisa. Quise hablar y todo se quebró en mi boca. Cuanto había dentro de mí se esfumó. Hasta el aire, hasta los latidos, hasta las venas se desvanecieron al verte partir. El viento se detuvo, el sol dejó de arder. ¿Ves que tu voz fue capaz de cambiar el mundo? ¿Ves que destrozaste la Tierra en un segundo? Tu simple adiós arrastró cientos de amaneceres dibujados en mi mente, tiñendo el mañana, destiñéndonos de ropa entre tus sábanas. Todo, todo lo mató. Un maldito adiós que se mezcló con un suspiro, un abrazo que me supo a última vez. Y tu tez blanquecina miró al cielo, el cielo que tembló en tu mirada y yo con él.



martes, 11 de octubre de 2011

Un adiós.

"Pero te digo adiós, para toda la vida,

aunque toda la vida siga pensando en ti."

Miguel Ángel Buesa.


Era de noche y los astros dormían cubiertos por un manto de nubes y arropados por los destellos de la luna llena que eclipsaba las farolas. Era la oscuridad y sólo había dos estrellas: nuestras manos cogidas en ese frágil segundo. Los pies hundidos en la arena mojada, el agua que iba y venía; como tu voz, que temblaba. Un murmullo que llamaba a la eternidad.

Paseábamos por el tiempo, nuestro camino eran los recuerdos. No sé si caían ya las lágrimas, pero siento todavía como se me derrumbaba el mundo. Te miré un segundo y te vi tan frágil, tan distinta, tan ajena al mundo que te rodeaba. A penas lograbas mantenerte en pie, presa de dudas, atrapada en un miedo distinto a cualquier otro que te hacía tambalearte.

Nos paramos y el reloj se detuvo. Nos detuvimos y la vida se paró. Y la voz habló. Tu voz, tierna, inocente, que de repente parecía adulta y casi consciente. Nació el adiós que nos hizo eternos. El camino de recuerdos nos convirtió en tiempo, nos condenó al ayer y a intentar volver sobre nuestros pasos para tropezarnos con un sendero que ya se cerró.

Hacía tiempo que lo sabía. Tu cuerpo estaba atrapado en un mundo que no te pertenecía y tu alma había sido vendida a la libertad. De la nada surgió un amor bañado de fugacidad, un amor emborronado con tus dudas, con tu aparente fragilidad. Yo, fuerte, nada diferente; tú, rara, escondida tras una frontera que a veces también era un poco cárcel. Me quite los zapatos para no hacer ruido y entré en tu celda cuando estabas de espaldas. La llené de rosas. Vestí tu miedo de esperanza y en el sueño de nuestro amor casamos nuestras almas.

Pero me dijiste adiós, y hasta yo entendí que no te quedaban fuerzas para regresar una vez más. Aunque seguías allí, presente y asustada, cogiendo mi mano, buscando con miradas el camino hasta mis labios, tampoco yo encontré la voz para gritar, no te supe hacer volver. Y así, quieta, te dejé caminar. La arena se volvió hierba cubierta de pétalos que poco a poco te elevaron, te hicieron volar. Fue entonces cuando sé que cayeron las lágrimas, porque la boca me sabía a sal. El mar que hacía un instante bañaba mis pies, el cielo vacío de estrellas, se quitó el disfraz y poco a poco volví a sentir el suelo del hospital. Tus ojos se cerraron, aunque aún notaba los latidos de tu corazón. Y me encontré yo así, tan frágil, tan distinto, tan ajeno al mundo que me rodeaba.

“El amor, esa palabra tan grande, que a nosotros se nos queda pequeña.”, me dijo tu última sonrisa. Y yo pensé, el amor, esa palabra que se nos queda tan pequeña, que hasta cuando te vas se me hace eterna, me tumba el mundo, me deshace el alma, me hace perseguirte en un laberinto sin salida. Esa palabra que esta noche me lleva a dejarte volar.

Quedó vacía tu cama, recogí la ropa, me despedí en silencio mientras miraba por la ventana. Las hojas de otoño caían; las personas paseaban, sonreían. Y pensé que deberían saber que ya nada era igual, que la vida no seguía, que tu corazón se había parado y el tiempo se había quedado contenido para siempre en ese brillo infinito de tus ojos. Pero ¿a quién le importaba? ¿Quién compartía mi dolor si por siempre viviría tras la frontera que juntos habíamos alzado? Tu cuerpo de marfil, que ya no eras tú, se lo llevaron. Grité al cielo un dónde estás y nadie me dio respuesta, ninguna estrella cayó.

Pero fuimos dioses, dueños de un amor prohibido, un amor vendido que aún me hace soñarte. Te abre la puerta cada noche y deja que te subas a mis pies para bailar por el recuerdo, con la música que hicimos nuestra, con los pasos que pisaron el pasado. Un baile de ritmo y un baile de miradas. Una sonrisa cuartada, enmarcada en el rostro más bonito. Y aunque te diga adiós, para toda la vida, no me bastará una vida para dejarte de amar.




domingo, 9 de octubre de 2011

Y si...?

Lejos, extremadamente lejos de tus besos, intentando cazar las estrellas con los dedos.
Echándote de menos, tu carita de melocotón, tu boca, tu pelo.
Extraño tu presencia, carnívora de tu esencia.


viernes, 7 de octubre de 2011

Dependencia bendita.

Nunca había llorado de felicidad.

En seis millones trescientos siete mil doscientos segundos de existencia,

nunca había llorado de felicidad.

Había estado en bodas, conciertos, orgías y funciones de navidad.

Había comido chocolate en Suiza,

fumado marihuana en Holanda,

bailado tantas horas como tiene la noche en Ibiza.

Se había bañado desnudo en la playa,

había follado y había hecho el amor.

¡Había hecho el amor por primera vez!

Había visto La Vida es Bella, Donnie Darko,

todas las genialidades de Tarantino, Casablanca,

Amelie un domingo por la tarde.

Había visto a Julien morir por Sophie y a Sophie morir por Julien.

Había leído a Neruda bajo la sombra del árbol más apartado.

Había escuchado a los Beatles en disco de vinilo,

se había corrido mientras sonaba Nirvana.

Había soñado. ¡Joder, había soñado tanto!


No llores, no llores, estás conmigo.


Había visto el mundo desde la cima de una montaña,

había contado las estrellas cogiéndole de la mano.

Había tenido el primer beso más bonito del mundo;

en la cima de una montaña, cogiéndole de la mano.

La había desnudado, había besado cada lunar de su piel.

Despacio, la había sentido, cada día, cada momento.

La había querido. ¡Joder, la había querido tanto!


No tiembles, no tiembles, estoy contigo.


Pero nunca, nunca, había llorado de felicidad. En seis millones trescientos siete mil doscientos segundos de existencia, nunca había llorado de felicidad. ¡Podría haber presenciado un puto milagro y no habría echado una lágrima!


Nunca más me iré.


No fue un milagro, fue un lo siento, un te quiero camuflado. Un hipotético volverá cumplido, un cielo abierto que casi le dolía. Nunca había pasado tanto miedo. Se había cortado las alas por temor a las alturas y sería ella quien le haría caer.


lunes, 3 de octubre de 2011

EL PLAN

Un juego en el que todos hacen trampas. Una baraja trucada, un camino con señales falsas y piedras puestas a traición. Un volcán en erupción, donde todo era verde y se va volviendo rojo con la lava. Incandescente, hermoso, te engaña con su calor. Un viaje del que no se sabe nada, un reloj con cuerda limitada que algún día parará. Y, aun así, nos empeñamos en planear. Buscamos sentido a las cosas que no deben tener sentido, nos aventuramos sobre un mañana que nadie sabe cómo vendrá. Pero ¿qué más da? Si de todas formas, no saldremos vivas de esta.

Yo voto por seguir sin más, así, despacito, disfrutando de la curiosidad. Sin presionar al futuro, ¡sin dar por hecho que lo hay! Y sólo preocuparme de que sigas a mi lado, de que si el tiempo ha de ser malo, tú lo vigilarás. Quiero que el viaje sea estúpido, quemar el mapa del camino con un cigarrillo y…andar. Sólo eso, andar.

Yo te cuido y tú me cuidas. Ese es el plan.

viernes, 23 de septiembre de 2011

X

No duele echar de más, no duele la plenitud ni el recuerdo que se olvida sin saber olvidar. No quema el adiós si no araña, no pesa el ayer cuando no se esperaba un mañana. No son ciegos los ojos que no quisieron ver amanecer, ni mudo el corazón que escogió callar. Si a dos le restas uno, es uno; así, sin más.

Y, aún con todo, siempre preferí sumar. No esas sumas que responden a la lógica; las otras, las que te asustan, las que te hacen temblar. Esas que nacen del alma, que te visten de angustia, te empujan y te vuelven a levantar. Las que te atan el estómago a la hora de comer y te sellan la boca por miedo a no ganar. Es una ecuación compleja que, de tantas veces, sólo una la consigues resolver. Cuando uno más uno se queda en uno, el miedo da menos miedo, la risa da más risa y el amor se hace sin querer.

Pero duele echar de menos, duele desesperar de tanto esperar y ver que nadie te coge la mano cuando decides saltar. El vacío pesa, el corazón se hace débil y los ojos se quedan ciegos de tanto querer ver lo que ya no está. No me gustan las restas; las lágrimas son amargas, el pasado es difícil de cerrar. Si a uno le restas uno, es cero, como la voz nula que ya no dirá te quiero o las sábanas que desatendidas llorarán esperando a dos cuerpos. Y así, separados, nacerá el adiós que araña porque quema y el ayer que pesa porque carga el tiempo que no fue.

Las matemáticas de la vida, difíciles, jodidas. Este camino largo, incierto, que tanto serpea y tanto se desvía, no es más que un puto problema en el que tienes que intentar que el resultado final sea una suma positiva.


sábado, 10 de septiembre de 2011

La petite mort.

"No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace."




viernes, 9 de septiembre de 2011

El sexo está bien, pero mejor son tus ojos.

Y el amor está bien, pero mejor somos nosotros.

LIVE FOR TODAY.

AYER

Dueña de tu sonrisa, dueña de tus manos y dueña de tus pensamientos, caminante en tus ojos, vaivén de piernas en las que tu mirada se desviste. Dueña de mi sonrisa, dueña de mis manos y dueña de mis pensamientos, caminante en mi conciencia, vaivén de lágrimas que me recuerda qué hice. Piel de aceituna, ojos morenos bañados de inocencia, corazón blando que a pocos se resiste. Niña, joven ignorante, que de una mitad suya es infancia y la otra es el mañana entrando con simpatía en sus andares, tiñendo de maquillaje su rostro, cual promesa de un mañana lleno de flirteos y sonrojos. Niña es, niña tuya. Niña de tus ojos, niña que quisiste. Niña del alma y niña que me roba el derecho a tu mirada, a los besos que ya no existen, a la ilusión que con una palabra desvaneciste. Mujer soy yo, mujer he sido desde que te fuiste, que perdí la inocencia en tus labios, que me ahogo en el mar de todo lo que me diste. Las tardes de impaciencia aguardando intensamente a la ausencia del mundo, a ser tu y yo el mundo, a no haber más que caricias y besos prohibidos, a ser todo cuanto ser quise y ya no soy desde que nado en el pozo de tu olvido.



jueves, 8 de septiembre de 2011

EL DERECHO AL DELIRIO

"Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene másque el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma; los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses;pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero."
Eduardo Galeano.