Dueña de tu sonrisa, dueña de tus manos y dueña de tus pensamientos, caminante en tus ojos, vaivén de piernas en las que tu mirada se desviste. Dueña de mi sonrisa, dueña de mis manos y dueña de mis pensamientos, caminante en mi conciencia, vaivén de lágrimas que me recuerda qué hice. Piel de aceituna, ojos morenos bañados de inocencia, corazón blando que a pocos se resiste. Niña, joven ignorante, que de una mitad suya es infancia y la otra es el mañana entrando con simpatía en sus andares, tiñendo de maquillaje su rostro, cual promesa de un mañana lleno de flirteos y sonrojos. Niña es, niña tuya. Niña de tus ojos, niña que quisiste. Niña del alma y niña que me roba el derecho a tu mirada, a los besos que ya no existen, a la ilusión que con una palabra desvaneciste. Mujer soy yo, mujer he sido desde que te fuiste, que perdí la inocencia en tus labios, que me ahogo en el mar de todo lo que me diste. Las tardes de impaciencia aguardando intensamente a la ausencia del mundo, a ser tu y yo el mundo, a no haber más que caricias y besos prohibidos, a ser todo cuanto ser quise y ya no soy desde que nado en el pozo de tu olvido.

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