viernes, 4 de mayo de 2012

JUDAS


"Regalé mi alma imperecedera
para que nunca más me duela."
Extremoduro.

No lo quiero a la luz de la luna, en el casco histórico y con el mechón detrás de la oreja. No quiero esperarlo, ponerme de puntillas y cerrar los ojos en un ejercicio de romanticismo forzado. No quiero que el puto príncipe me bese con cuidado, sin meterme la lengua y sin morderme los labios. Que no me pida permiso, que no me pida el corazón. Lo quiero contigo, que te de un arrebato y me comas la boca entera sin pedir perdón. Que me desenvuelvas, que rebusques en tus bolsillos, que se pare el tiempo en los seis pisos de ascensor. Que tu puerta sea el comienzo y nunca la despedida. Te quiero así, te quiero judas, te quiero fumándonos los problemas sobre tu colchón. Desnudos. Oliendo a hierba. Sabiendo a vida. Te quiero verde, te quiero fácil, te quiero caliente. Rompiendo pactos, deshaciéndonos las fronteras, prometiendo incumplir cada puta promesa. Vamos a coleccionar errores, vamos a arrepentirnos de lo que dijimos pero nunca de lo que no. Quiero ser tu experiencia, tu prueba de juventud. La consecuencia de una noche, de la siguiente y de la tercera. Que no pare, no quiero ser tu adiós. No quiero la fecha, no quiero el puerto ni quiero el avión. Te quiero aquí, te quiero dentro, te quiero a una llamada y pocos metros. Dejarnos llevar, magrear el plan que compusimos y reinventarnos en cada sonrisa que no te inventas, cada abrazo que nos pone en duda. Tus buenos días.

Y mañana, cuando esto acabe, que vuelva a empezar. No quiero ser la princesa de una torre que no tenga tus sábanas ni la maría en una caja de strepsils.   





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